Edificaciones Llosa es una inmobiliaria con más de 20 años en el mercado. Tiene proyectos activos en tres distritos y un equipo de marketing de cuatro personas que maneja la imagen de todos los proyectos: redes sociales, banners digitales, volantes, pantallas del showroom y publicaciones en portales inmobiliarios.
Cada vez que ventas quiere lanzar una promoción, o gerencia decide cambiar el precio de un proyecto, o un proyecto entra en preventa, alguien del equipo comercial le escribe a Camila, coordinadora de marketing, para pedirle que actualice los materiales. Camila recibe esos pedidos por WhatsApp, por correo, a veces por un mensaje directo en Instagram porque “era más rápido”, y en más de una ocasión, con un papel pegado en su monitor.
El problema no es que Camila no trabaje. El problema es que nadie sabe en qué orden llegaron los pedidos, quién los pidió ni cuándo se van a tener listos. El equipo de diseño — Diego y Paola — a veces recibe tres pedidos el mismo día sin saber cuál es urgente y cuál puede esperar.
La semana pasada, el banner del proyecto Los Álamos se publicó en el portal con el precio viejo porque el pedido de actualización había llegado por correo, Camila lo leyó pero lo dejó para después, y cuando Diego fue a buscar la tarea no la encontró en ningún lado. El cliente vio el precio equivocado por tres días.
Camila lleva sus pendientes en una nota de su celular. Diego y Paola tienen su propio Excel. Y ninguno de los tres coincide.
Caso Práctico